Cercenado

Hoy me gustaría hablar de una forma diferente, hablar como un adicto. Como bien sabéis, me he cortado a mi mismo, me  mutilado, como una forma de evadirme de la realidad. A menudo me sorprendo a mi mismo porque a pesar de haber dejado de hacerlo desde hace tiempo sigo teniendo ganas de volver a repetirlo, es como una droga, duele, pero es tan placentero, relaja tanto, que es difícil no volver a caer en la tentación de volver a ello.

Escribo esto ahora porque ahora mismo tengo ganas de hacerlo, quiero hacerlo, pero hice una promesa hace tiempo y no quiero romperla. Son muchos los recuerdos que me vienen al respecto, el coger la cuchilla, el hacer el corte en la piel y sentir un placer indescriptible, inmenso, irrepetible al sentir como penetra en tu cuerpo, como se va cortando la piel, el regocijo al ver cómo brota la sangre, y el placer casi orgásmico al volver a repasar el corte hecho una y otra vez para que la sangre siga brotando de mis entrañas y prolongar ese macabro pero precioso y plácido momento todo lo que se pueda. Realmente es algo que nunca se olvida, que acaba formando parte de ti, y que tristemente de un modo u otro quieres que vuelva, a pesar de que sabes que no te beneficia en absoluto, o eso parece.

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