Cardiólogos frustrados

¿Qué sería de ti, de mí, sin secretos? No mola eso de estar pensando en ti en cada momento, qué estarás haciendo en este preciso instante: si también pensando en mí, el uno en el otro y el otro en el uno en sincronía cósmica. Pensar en ti cuando follo con otras, pensar en ti apoyado en el vientre de otras (buscando el vacío mi oreja en su ombligo), imaginar tu rostro proyectado en la espalda de otras: el lunar de la de hoy se parece al de tu muslo. Y lo beso. Y me siento como en casa. ¿Qué estarás haciendo ahora? ¿Pensar en mí?

No es cruel lo que digo. Todos tenemos secretos. Pienso en ti y eso es amor. Y el amor mueve montañas. Y debajo de las montañas siempre hay mujeres, miles de ellas, con sus cuerpos distintos a tu cuerpo, todos lindos a su manera. . Y a través de mis silencios salen sus secretos proyectados. Y nada más excitante que levantar la tapa de los truenos.

Se llama vida. Curiosidad de explorador. Si me dejas hablar creeré que me escuchas y que guardas otro secreto similar al mío. Y por pura necesidad, por buscar tu cicatriz a través de la mía, por compensar vacíos, acabarán follando contigo pensando que ahí te ablandarás. Pero es lo contrario. Cuantos más cuerpos exploro, más te quiero. Ginecólogos disfrazados, en el fondo, no somos más que cardiólogos frustrados.

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