Un beso

Besar o ser besado significa confiar en otros labios, saber que van a ser bien recibidos, tratados como crees que se merecen: la otra boca no morderá la tuya, y si lo hace, será con buena intención, lujuria y con mesura. Besar es pelear por las ansias del otro, desenmarañar sus posibles dudas con la punta de tu lengua, o dejarte llevar por la suya. Habrá un lenguaje no verbal, un pacto no escrito e improvisado surgido del momento: el cuarto de baño de una biblioteca, un semáforo en rojo o un fotomatón sugieren besos urgentes. Un beso en la cola del pan te dice  “estoy junto a ti, contigo, y quiero improvisar, que seamos uno en este preciso instante”. O el beso casto y sutil que significa “te regalo mis labios para el resto de tus días”.

Uno puede vivir instalado en el desánimo, acumulando penas. Creer que ya se ha tocado fondo, y acostumbrarse a la sombra y al fango de ese fondo, y construirse un hogar en ese fondo con vistas al muro de las lamentaciones. Uno puede ser un tipo cualquiera y en cualquier bar, mirando para otro lado cuando entra la mujer de sus sueños, o disimular cuando alguien se atreve a mirarte a los ojos. Uno puede fundirse en la soledad y convertir la risa en silencio, o creerse más débil que el resto y creerse derrotado antes incluso de iniciar cualquier guerra.

Pero hay alguien dentro que te empuja a lo contrario. Despertarse, abrir los ojos y ver la nuca de ella  a tu lado y en tu misma almohada. Saber que duerme y que, al otro lado de su hermoso cabello, hay amor; un amor incombustible a prueba de bombas, de leyes o de fantasmas. Un amor que nació espontaneo y ningún dios inventado podrá moldearlo o contenerlo. No habrá un solo delegado de cualquier sindicato que sea capaz de organizar una huelga en sus latidos, ni en los tuyos, ni piquetes en su forma de quererte, ni en tu capacidad de amarla. Acercarte a ella solo con el objetivo de notar que respira suave, su aliento sirve de catarsis para tus desdichas. Inspira tu lado oscuro, y sus pulmones purifican tus malas memorias  y, por último, expira la vida oxigenada que os queda por delante.

Y entonces crees que, si aún sigues aquí, es por ella.  Todas vuestras energías y  todos vuestros impulsos fluyen en una sola dirección. Y todo empezó con un beso.

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