Tus huellas

Siempre que nieva creo que está ahí , tumbada. Pálida y viva, como tú eres. Que duermes cubierta por un manto blanco.

Siempre que nieva corro a sacar la pala y buscarte. Desenterrarte. Escarbar por toda la calle, sudando vaho, desesperado.

Tumbarme boca arriba y hacer para el ángel que tú eres y  así levitar para poder buscarte desde lo alto. O hundir mi nariz en la nieve y seguir tu rastro. O unir dos cables pelados y esperar a que chispees. O pasear, calle arriba, calle abajo, calle arriba, calle abajo, esperando que mis pasos te hagan caer de nuevo y escupir nieve.

Y, de encontrar tu cuerpo, te llevaría en brazos a la bañera de mi casa y abriría el grifo del agua caliente hasta que abrieras los ojos y me reconocieras. Entonces te preguntaría:

“¿Por qué no apareciste antes?”

Después te abrazaría cual gota agarrada a la punta de una estalactita, pensando que somos lo mismo pero distintos. Distintos estados de un mismo agua.

Aunque mis huellas cubran el suelo antes que tu nieve.

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